Amaneciendo

Amaneciendo
Luz del interior/Foto de Internet

martes, 20 de enero de 2015

Canto vigésimo tercero

Así amanece en mi pueblo






Me sorprende una malla de algas sin nombre ni palabras;
como una caricia, alcanzada de garganta.
No sé si eres, noche, el sueño que esperaba,
o si eres nube pasajera,
mas me conforta tu mirada de yeguas preñadas y praderas adormecidas.

Este paseo con ella no tendrá fin en los ribetes del grillo colorado.
No tendrá fin en los rosales ebrios de ruiseñor.
Siempre en la orilla de este mar que nos ama,
quitando forros a las palabras, plantando setos en los pómulos,
arqueando los pomelos de las cejas.
Siempre dejando atrás caminos que no vayan.
Esta noche los sauces, las conchas, la mujer y el poeta descansan.
La luna mueve los cangilones de la noria de mi alma
y de ella arranca jirones de sentimientos secretos.
El silencio se eterniza.
El tiempo se eterniza.
El amor se eterniza,
y el roce de mejillas desgrana el sueño de trenes y tranvías.