Amaneciendo

Amaneciendo
Luz del interior/Foto de Internet

lunes, 12 de enero de 2015

Canto vigésimo sexto






Amanece tras la colina de la carretera sinuosa de Tafalla
mi pueblo solitario, en una plataforma descendente.
Parece aislado en una hondonada de suelos amarillos.
Es verano.
A la derecha, altibajos montañosos;
a la izquierda, nace la extensa ribera de Navarra.
A un lado, Larraga; detrás de mi pueblo, Mendigorría.
También se ve Montejurra.
Ahora es todo sol de abejas, candente cielo azul,
horizontes sin medida, y el sueño del poeta recorre
los trigales, las cebadas, las esparragueras, los viñedos
y algún árbol de coloridas cerezas.
Despierta el poeta a la mujer y a la niña.
Aislado, solo, el poeta vuelve a su refugio de jilgueros
y perdices, de canapés y vidrieras.
Mi pueblo es un oasis despojado del acoso del mar
y de los pitidos del tren de medianoche. No existe
el rumor de chimeneas que contaminen su monte,
ni contaminados ríos.
Todo es paz, piscinas azules y miradores solitarios.
Ahora el poeta ama la paz de sus calles, añoradas
cuando oye el bandear de otras campanas.
Calles con viejos blasones incrustados en las paredes
de algunas casas, anidadas por palomas.
La plaza está vacía y en “El Cerco” canta la historia
su nobleza gallarda.
Latente el riachuelo, la Ermita y el escudo de murallas.